Vertederos romanos ( puticulum o pudrideros,)

Restos ánforas romanas

Desde las primeras civilizaciones hasta las grandes ciudades de hoy en día, la basura ha sido un problema que ha ido incrementándose.

Los arqueólogos han encontrado  evidencia del origen del reciclaje, se inició quizás alrededor de 400 A.C. y desde entonces se ha dado de muchas maneras.


Los romanos estaban concienciados de la necesidad de reutilizar, reciclar y deshacerse de su basura.

Los documentos que hablan de los residuos en el Imperio romano  como los restos hallados, confirman que la conciencia medioambiental romana era superior a la actual.

Los romanos supieron aplicar su ingenio en el campo de la gestión de los residuos urbanos.  En su Ley de las XII Tablas (duodecim tabularum leges), se recogen las primeras normas ambientales. Donde se especifica por ejemplo la prohibición de arrojar basuras y tirar cadáveres dentro del núcleo de la población.

Desde los inicios del Imperio las administraciones locales romanas obligaron a la ciudadanía a depositar los elementos residuales en los extramuros, de modo que los vertederos se distanciaron de la población en los lugares conocidos como estercolaris. 

Asimismo, implantaron también el sistema de recogida agrupada, mediante el uso del carrus estercolari,  (carros de basura) que hoy conocemos como el camión de recogida de residuos.  Recorrían la ciudad retirando los residuos que depositaban en los puticulum (pudrideros) situadas fuera de la ciudad. En algunas ocasiones, los stercorari se hacían acompañar por cerdos que ayudaban en la limpieza, especialmente con la basura orgánica.






Lucio Columela, en sus libros sobre trabajos del campo, elaboró hacia mediados del s. I un manual en el que describía cómo mezclar, almacenar y trasladar residuos agrícolas y distribuirlos como fertilizante o abono para el cultivo del suelo.


La mayoría de los residuos descubiertos en los pudrideros romanos pertenecen a desechos de ceniza, carbones, huesos, animales y conchas, mientras que los elementos inorgánicos aparecen en un porcentaje mucho menor.

Era muy común   el uso de contenedores cerámicos para conservar la  comida y la bebida. De ahí que las autoridades se vieron obligadas a poner en  marcha medidas para reciclar o eliminar este tipo de residuos. Los recipientes inorgánicos, como la cerámica, tenían una segunda utilidad y eran quemados para utilizarlos en la agricultura, mientras que el mármol era transformado en cal y los metales eran refundidos de manera constante. Asimismo, las industrias de la época, como las alfarerías, disponían de basureros específicos, alfares, en los que sólo se vertían elementos de estas factorías.

Al mismo tiempo y debido al aumento de las importaciones de vino, esencias o aceites de las provincias, las autoridades crean los testares, vertederos especializados en este tipo de residuos.


 monte Testaccio


El primer gran vertedero se construyó debido a la gran cantidad de residuos de cerámica que llegaba por las importaciones de aceite desde Hispania hasta Roma. Ocurrió durante la época de Augusto, debido a la alta estima que encontraban los romanos al aceite hispano, considerándolo de máxima calidad. Así, la cantidad de exportaciones que se producían en la Península Ibérica era espectacular, tal era su volumen de exportación, que el Estado de Roma se vio obligado a crear el primer vertedero del mundo, el monte Testaccio para eliminar las ánforas que llegaban cargadas de aceite de la bética. Durante tres siglos, se estima que los romanos depositaron más de 25 millones de ánforas de cerámica, creando un monte artificial de 50 metros de altura con un perímetro de kilómetro y medio. Todo un filón para los arqueólogos.

La industria del vidrio romana, con más de 6 siglos de tradición, estaba muy desarrollada, teniendo su mercado en las clases acomodadas.

Un estudio universitario británico analizó la composición de 28 vajillas de vidrio procedentes de antiguos emplazamientos romanos a lo largo de las islas Británicas durante los siglos III y IV de nuestra era. Los cambios en la composición del vidrio demuestran un sensible aumento del vidrio reciclado en los hornos durante el siglo IV y V. En los albores de la caída del Imperio, los arqueólogos sostienen la hipótesis de que se vieron forzados a hacerlo a medida que los bárbaros avanzaban por las provincias del norte, principales suministradores de materias primas para la industria vidriera.




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