Antinoo el joven Bitinio

Busto de Antínoo procedente de la Villa de Adriano y que en la actualidad puede contemplarse en el parisino Museo del Louvre.

Antínoo nació en Bitinia-Claudiópolis en la Bitinia (Asia Menor) entre el 110 y el 115. En uno de los muchos viajes que emprendió Adriano conoció al adolescente y, sin lugar a dudas, quedó fascinado por su belleza. 

No se puede precisar la fecha exacta del encuentro, ya que Adriano viajó a Bitinia en los años 117, 121 y 123/124. Por su parte, Páncrates de Alejandría poetisa aquel primer encuentro y lo traslada al desierto de Libia: Adriano habría lanceado a un león que intentaba atacar al joven bitinio y de la sangre que salpicó la arena brotó el antinóeios, una hermosa y roja flor de loto.

A los 18 años, el 30 octubre del 130 d.C., moría ahogado el joven Antínoo. Los motivos de su temprana muerte no están del todo claros, aunque todo parece indicar que el muchacho se hundió en las aguas profundas del Nilo ante la mirada aterrada del emperador
.


Antinoo Museo Loubre



Algunos historiadores apuntan que se trató de un accidente. Otros, en cambio, afirman que Antínoo, conocedor de un augurio que profetizaba larga vida al emperador si el joven se sacrificaba en su presencia, se inmoló para asegurar al emperador un reinado prolongado.

El misterio que envolvía la muerte de Antinoo dio lugar a especulaciones que involucraron a la emperatriz, a los pretendidos sucesores de Adriano e, incluso, al mismo emperador.

Existe una tercera teoría. Aparece en la Historia Augusta, una recopilación de la Antigüedad tardía que recoge biografías imperiales. En ella se relata que el supuesto suicidio se había producido porque Antínoo quería escapar de las proposiciones sexuales de Adriano, pero es un texto muy posterior y puede que tenga que ver con los prejuicios sobre la homosexualidad.


HC _ Ryan Grant Long - Adriano y ANtinoo

Antinoo pasó de ser un mártir voluntario a víctima de un asesinato, de una conspiración e, incluso, de una posible castración (motivada por su deseo de permanecer joven) que lo habría llevado a la muerte.

Nada de esto parece haber tenido asidero finalmente. Lo cierto es que su mitificación motivó la queja de diversos sectores, entre ellos el reciente Cristianismo.Los padres de la Iglesia contribuyeron a la mitificación de este amor profano tan extraordinario como intenso.
Adriano  profundamente dolido, comenzó el enaltecimiento de su joven compañero.

En el mismo escenario del infortunado acontecimiento,a orillas del Nilo,en el Egipto Medio, ordenó levantar, según el modelo helenístico, la ciudad de Antinoópolis o Antínoe. La ciudad y sus habitantes recibieron del emperador privilegios y favores completamente inusuales.

En la misma ciudad se levantó también, posiblemente, el monumento funerario del favorito imperial. La construcción es mencionada en una inscripción jeroglífica sobre un obelisco hoy emplazado en Roma.

Posiblemente  el obelisco estaba originalmente situado también en Antinoópolis, y simbolizaba el lugar del renacimiento del fallecido, según las creencias del Antiguo Egipto.Por todo el Imperio se han descubierto inscripciones en su honor.
En numerosos lugares se erigieron estatuas  de Antinoo y se acuñaron monedas con la efigie del difunto.

El filósofo Numenio de Apamea escribió al emperador una Consolatio y los poetas Mesomedes, Ateneo y Páncrates compusieron poemas sobre Antínoo. Además hay constancia de otro poema de autor desconocido.
Probablemente el punto más alto en la exaltación del joven de Bitinia llegó cuando se dio su nombre a una constelación. 

"Una noche más Adriano era incapaz de conciliar el sueño. Apoyado sobre la balaustrada que da frente a las aguas inmensas y serenas del Mediterráneo, con los ojos rebosantes de la más líquida amargura que jamás tuvo en su vida, miraba al cielo buscando ver allí a su adorado Antínoo. Y al fin creyó verle sonreír en la inmensidad de la noche, como un destello infinito que iluminó las lunas tristes de eterna soledad".
(Del relato corto inédito de Rafael Arribas El ombligo de Antínoo).





Fuentes:

Francisco de la Maza: Antínoo. el último dios del mundo clásico. Alianza Historia, Madrid, 1990.

Daniel E. Herrendorf: Memorias de Antinoo. Buenos Aires, Random House - Mondadori, 1999.

http://grupobonadea.blogspot.com.es/2012/07/antinoo-o-la-muerte-por-amor.html

















































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