Teatro de calle en la antigüedad

Lawrence Alma-Tadema
 

Desde la antigüedad el teatro callejero era una expresión cultural que pretendía acercarse al pueblo, se remonta al Siglo VI (a.c.), cuando un poeta llamado Tespis, detuvo su carromato a la entrada de Atenas y empezó a contar las cosas que le habían ocurrido durante sus viajes. Los habitantes de la ciudad acudían a ver sus representaciones se acercaban y escuchaban. Tespis  mediante un   texto dramático recitado, se comunicaba con el público.


Teatro de calle 

Durante el día las calles de Roma se llenaban de bullicio, comerciantes roncos por vociferar sus mercancías, algarabía de niños jugando, personas paseando, comerciantes de esclavos pujando, viajeros cansados y sudorosos, maestros de escuela intentando adoctrinar a sus alumnos, un encantador de serpientes, mendigos, prostitutas y por supuesto músicos, danzarines, cómicos y malabaristas.

Entre ellos destacan:

Los circulatores: charlatanes o trotacalles, con sentido peyorativo referido a las mujeres

Los praestigiatores  ladrones de guante blanco

Los grallatores  que andan sobre zancos

Los funambuli, petauristae, o schoenobates que andan o bailan sobre una cuerda

Los staticuli Hacían una representación parecida a la de los mimos de nuestros días Con los pies fijos en el suelo, hacían aspavientos con los brazos, e interpelaban a los paseantes o los insultaban.

Los divini o echadores de la buena ventura.

Los aretalogi o mimos que contaban historias extraordinarias. Juvenal califica a uno de éstos como mendax aretologus (mentiroso contador de historias)


Catón, tenía poco aprecio a estos profesionales  de baja estofa, a los que consideraba crassatores spatiatores vagos ambulantes.




Las compañías de teatro  se denominaban greges (rebaños) o catervae (banda). Iban de pueblo en pueblo haciendo sus funciones de música, danza y mimo, a veces acompañadas solamente por el sonido de una flauta y un mono.

A los mimos y pantomimos se les clasifica de bailarines. La pieza de teatro era de corta duración, procaz, desvergonzada, descarada o atrevida, en especial en el aspecto sexual, o muda, se representaban sobre un tablado levantado rápidamente o sobre un carro.

La mala fama precedía a estas gentes desde muy antiguo, la ley de las XII Tablas consideraba a los cómicos ambulantes indignos de servir en el ejército y de votar en las asambleas populares.

Según Cornelio Nepote, el actor tenía una profesión que consistía en subir a la escena y dar al pueblo un espectáculo vil y difamatorio, indigno de un hombre de bien.

El poeta Horacio mete en el mismo saco y considera  como mendigos despreciables a curanderos, mendigos, mimas y pícaros.




Es cierto que los actores y actrices tenían mala fama, y posiblemente ellos y ellas no se ocuparon de desmentirla.

Estos actores alegraron con los juegos de sus  cuerpos y palabras a las gentes sencillas despertándoles risas nerviosas al ver reflejadas su vida, anhelos y miseria.




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