La atracción que sentían las mujeres por los gladiadores.



Gladiadores luchando durante una comida en Pompeya, Francesco Netti (1880)



Los juegos gladiatorios  tuvieron mucho éxito en la antigua Roma. Los luchadores se convirtieron en verdaderas estrellas, y despertaron una gran atracción entre sus seguidores.


Los jóvenes sentían gran fascinación por las hazañas e historias de estos gladiadores. 


La atracción que las mujeres tenían por los gladiadores.

La virilidad que demostraban en los enfrentamientos y sus numerosas victorias les aportaba reconocimiento social y admiración del público, aunque no todos consiguieron la gloria.

Donde los gladiadores despertaban auténticas pasiones eran entre el público femenino según testimonios de la época. 

En algunos grafitos de Pompeya queda reflejada la admiración que tenían entre las  mujeres.

En varios de ellos se define a un famoso tracio llamado Celadus como “el suspiro de todas las chicas” (suspirium puellarum) o como “la gloria de todas las chicas” (puellarum decus). En otro grafito aparece otro gladiador llamado Crescens como “el señor de las muñequitas” (puparum dominus)

Esta atracción daría lugar a numerosas relaciones de gladiadores con mujeres de todos los estratos sociales. Algunas mujeres de la aristocracia romana pagaron por mantener encuentros íntimos con gladiadores, aunque se consideraban inmorales.


Tertuliano destaca la  pasión del público por los gladiadores:

“los hombres entregan su mente y su alma a los gladiadores, y las mujeres ¡les entregan también los cuerpos!”

Se han encontrado restos de una mujer en una habitación de un ludus en Pompeya y junto a ella sus joyas, por lo que se ha  especulado y novelado mucho. Que esta mujer  apareciese en la palestra de Pompeya con sus  joyas, determinaron la hipótesis de que era una mujer rica, que debido al peligro, se encaminó a la escuela de gladiadores en busca de su amante gladiador.



Fresco en Pompeya. MINISTERIO DE CULTURA ITALIANO



El poeta Juvenal  nos cuenta que Epia,  abandono a su marido que era miembro del ordo senatorial y a sus hijos para seguir a un gladiador llamado Sergiolus, a pesar de que él sufría de malformaciones claras y su aspecto físico era incluso desagradable a la vista.

“Mas con todo, ¿qué belleza inflamó a Epia? ¿Qué juventud la cautivó? ¿Qué vio para aceptar que le dijeran gladiadora? Pues su Sergiíto había comenzado ya a rasurarse el mentón y a esperar la jubilación de su brazo mutilado. Otrosí, tenía muchas deformidades en la cara, como un lobanillo enorme en mitad de las narices, machacado por el casco, y la perversa secreción acre de su ojito siempre goteando. Pero era gladiador. Esto los convierte a ellos en Jacintos” 

Se fugó con una cuadrilla de gladiadores que viajaban a Egipto dejando casa y familia.

Epia, casada con un senador, acompañó a una cuadrilla hasta Faro y el Nilo y los muros infames de Lago, en tanto que Canopo condena las costumbres escandalosas de Roma sin acordarse ella de su casa, su cónyuge y su hermana, no tuvo en cuenta a su patria y abandonó la malvada a sus hijos llorosos y, lo que es de extrañar más, a festivales y a París….

Juvenal nos  presenta a una mujer que no cumple el ideal de la perfecta matrona romana perdiendo todos sus valores movida por la pasión y el adulterio.





Petronio en su obra  recoge un diálogo en el que hace referencia a mujeres  que se enamoraban o se encaprichaban de individuos de los sectores más bajos de la sociedad, entre ellos de los gladiadores.

Mesalina célebre por su belleza y las constantes infidelidades a su marido, se le atribuye amoríos con un gladiador de nombre Sabino.

El noble Curcio Rufo, historiador y funcionario romano, se decía de él que era hijo de un gladiador.

Ogulnia tuvo ofuscación y apasionamiento por un gladiador, perdió toda su fortuna por ir a los juegos y lo poco que le quedaba se lo entrego a uno de ellos.


Algunas fuentes hablan del parecido de ciertos individuos con gladiadores famosos.

Plinio el viejo atribuye la causa de este parecido a  que la madre  había pensado demasiado en algún luchador en el momento de la concepción.

Plutarco hace referencia de la madre del  prefecto del pretorio Nymphidius que fue seducida por un gladiador de nombre Martinus,

Faustina la Menor  fue  acusada de haber concebido al emperador Cómodo en una relación con un gladiador.

Probablemente, algunas de estas acusaciones eran falsas y tenían la finalidad de desprestigio.

La atracción y admiración por estos hombres dieron lugar a gran número de relaciones sexuales esporádicas, pero también alguna de estas mujeres se convirtieron en compañeras de vida de estos gladiadores y formaron familias, como esposas amantes o concubinas.

Aunque contamos con poca información sobre ellas, las fuentes literarias mencionan poco a las mujeres y a los hijos de los gladiadores. Pero si tenemos testimonios epigráficos que nos dan muestra de ello.

Hubo mujeres de elite que se enamoraron y tuvieron relaciones con  gladiadores, aunque estaba prohibido que las mujeres de familias senatoriales se pudieran unir a estos hombres. Las mujeres que mantuvieron relaciones estables con estos luchadores eran mayoritariamente libertas o esclavas.   




 Artículos relacionados:



 

Fuentes:

Gladiadores sus mujeres e hijos.Francisco  Cidoncha Redondo

La mujer y los espectáculos romanos. Mª Engracia Muñoz Santos

(Juvenal, Sátiras VI, 103- 110). Traducción de Bartolomé Segura Ramos para Ed. CSIC, 1996.

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