El origen romano de los sicarios






La palabra sicario tiene su origen en Roma, y es aquel que procede de la palabra sica que es una daga pequeña y fácil de esconder, de punta muy aguda y filo curvo que en la antigua Roma, se utilizaba para apuñalar a los enemigos políticos, por lo que sicario significaba hombre daga.

El sicarii era la persona que escondía este puñal entre sus ropas.

En multitud de ocasiones, la sica era utilizada por simpatizantes que se acercaban a los rivales políticos de sus representantes y los apuñalaban. Esta práctica se realizaba con tanta asiduidad que, en el año 81 a. C., se tuvo que legislar mediante una ley, para dar castigo a aquellos que por encargo de otros, herían o mataban a cambio de unas monedas.


La ley, promulgada durante la dictadura de Lucio Cornelio Sila, fue conocida como Lex Cornelia de sicariis et veneficis (Ley Cornelia sobre apuñaladores y envenenadores).


Los sicarios eran hábiles para el sigilo y el disfraz, de tal modo que incluso se maquillaban como mujeres para poder pasar desapercibidos en las masas y poder llegar así hasta su víctima. En algunas ocasiones, podían ser sobornados para que no mataran a sus víctimas previstas, de igual forma tomaban rehenes a quienes podían liberar a cambio del pago de un rescate o bien por el intercambio de prisioneros.

Al estallar la rebelión judía en 66 d.C., un grupo de rebeldes se apoderó de la plaza fuerte y eliminó a la guarnición romana. Dirigidos por un tal Menahem, y tras su muerte por su sobrino Eleazar ben Yair, pertenecían a un grupo de judíos radicales, los sicarios.



Además de estos grupos insurrectos había personas individuales, agrupados en una secta llamada de los zelotas (del griego, zelotai) (celosos de su culto)  eran grupos de judíos que guardaban el celo por el cumplimiento de la voluntad de Dios, incluso por medios violentos.

A ojos de los romanos, los sicarios eran meros criminales que utilizaron la revuelta contra Roma como pretexto para sus abusos, según recogía Flavio Josefo, el principal cronista de la guerra. De hecho, pese a tomar Masada al principio de la guerra, los hombres de Eleazar ben Yair no combatieron contra los romanos, sino que se dedicaron a asolar la región del mar Muerto desde su base en Masada, protagonizando "hazañas" como el saqueo de la vecina población judía de Eingedi, donde mataron a setecientas personas.

Después de fracasar la rebelión en Jerusalén, los sicarios se convirtieron en asesinos a sueldo, que operaban en las grandes manifestaciones populares siguiendo a su víctima y cazándola por la espalda ante el desconcierto generalizado, de ahí el uso de la palabra en la actualidad.




El sicariato encierra un conjunto de relaciones sociales particulares donde operan cuatro actores identificables, explícitos y directos.

El contratante. Que puede ser una persona aislada que busca solventar un problema fuera de la ley. (celos, odios o deudas, tierras)

El intermediario. Es el actor que opera como mediador entre el contratante y el victimario, es un personaje clave que hace invisible al sicario frente al contratante (y viceversa), lo cual le da un poder muy grande pero también lo pone entre la espada y la pared por el nivel de conocimiento que tiene ante el contratante.

El sicario. Es el ejecutante final del objetivo de asesinar o escarmentar a alguien; lo cual le hace altamente vulnerable por el riesgo que corre cuando comete el ilícito y también porque termina siendo el eslabón más débil.

La víctima. Persona que tenga un entredicho con otra.

En la antigüedad los sicarios  que eran atrapados y condenados a muerte consideraban su ejecución como un martirio glorioso que les abría las puertas del paraíso

De manera definitiva y en palabras simples, sicario será cualquier persona, que a petición de otra, cause a un tercero la muerte y por tal acción recibirá un pago en dinero.

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