Príapo, un dios cuya virtud y maldición era tener un pene descomunal siempre erecto.

 Príapo en la Casa de los Vetti de Pompeya.
 

Me preguntas por qué llevo mis partes sin cubrir; date cuenta de que ningún dios oculta nunca sus armas”


Divinidad menor  presente tanto en Grecia como en Roma

Según la mitología griega, Príapo era hijo de Dionisio, dios del vino y el éxtasis, y de Afrodita, diosa de la belleza, el amor y el deseo. Pero Hera, por su odio y celos maldijo al niño para que naciese deforme. La deformidad consistió en un pene de dimensiones extraordinarias. Afrodita, temerosa de la burla de los dioses, lo abandonó en el monte donde fue recogido y criado por unos pastores, que acabaron rindiendo culto a su virilidad.

Así nació el dios campestre Priapo símbolo de la fuerza fecundadora de la naturaleza y la fertilidad, tanto de la vegetación como de todos los animales relacionados con la vida agrícola, y un personaje puramente fálico. Era adorado como protector de los rebaños de cabras y ovejas, de las abejas, del vino, de los productos de la huerta e incluso de la pesca.

La figura de Príapo era empleada como talismán para repeler el mal de ojo y de  los saqueadores. En la antigua Roma solía erigirse una estatua en honor a Príapo portando fruta entre sus ropas y una hoz en una de sus manos, mientras su hinchada y descomunal verga permanecía en una posición erguida, cuya función principal era la de atraer la buena fortuna en las cosechas.

Su aspecto  solía ser el de un hombre maduro, o de mayor edad larga barba y cabello resaltando su salvaje vigor sexual.



La poesía priápica

Los priápeos son poemas erótico-festivos que tienen como tema básico al dios Príapo. El poema era breve, lo esencial era el  carácter erótico festivo y la figura de Príapo.

El origen remoto de estos poemas se pierde en la lejanía  pero no es difícil adivinar que se encontraba en breves inscripciones de las estatuas erigidas en honor de Príapo en las paredes de sus templetes. Solo nos han llegado testimonios literarios griegos y latinos.

Existe un conjunto de poemas Príapicos  recogidos en Corpus Priapeorum, de procedencia anónima y de época desconocida.

Un pasaje de séneca el Viejo (que atribuye una cita de Priap. 3, 7-8 a Ovidio. Esto indica que allí hay una colección de poesías de diversos autores como Tibulo, Virgilio y otros, entre los que figuraba Ovidio.

Veamos un ejemplo de poemas




Alusión a otros dioses 

Por qué tengo al descubierto mis partes obscenas quieres saber? Pues averigua por qué ningún dios oculta sus armas. El señor del mundo, rey del rayo, lo muestra abiertamente y no tiene el dios marino oculto  su tridente. Ni Marte esconde la espada, a la que debe su vaIia, ni Palas, intrépida, disimula la lanza en los pliegues de la ropa.

¿Siente acaso vergüenza Febo de llevar en bandolera sus áureas flechas? ¿Es que Diana lleva a escondidas su carcaj? ¿Tapa el Alcida el astil de su nudosa maza? ¿Guarda el dios alado bajo su túnica el caduceo? ¿Quién ha visto a Baco cubrir con sus ropas el ligero tirso o a ti, Amor, con la antorcha oculta? No sea, pues, un delito para mí tener la verga siempre al descubierto: si me faltase esa arma, quedaría inerme.


El rey del rayo es Júpiter. De Neptuno el arma es el tridente. Poderoso gracias a su espada es Marte. La lanza, Minerva, es tu atributo. Con el tirso emparrado, Baco entabla el combate. La mano de Apolo lanza las flecha, como todo el mundo sabe. Arma la pica la invicta diestra de Hércules: más a mí un  carajo erecto me hace terrorífico.  


Por la belleza, Mercurio puede agradar, por su belleza llama la atención Apolo, hermoso también se representa a Baco. Aunque el más hermoso de todos es Cupido. Por mi parte confieso carecer de belleza y, sin embargo, mi carajo ¡qué bien está! Si alguna muchacha hay de coño sensible, antepondrá éste a todos aquellos dioses.


La comparación con los  grandes dioses se daba mucho, de manera variada.

Eróticos

¿Es que no es una polla bien larga, es que no es bien gorda? ¿No crees que pueda crecer si la meneas? iAy, mísero de mí! Su dimensión engaña a las impacientes mozuelas. Mas esta verga no tiene precisamente nada (mejor que eso)


Mejor suerte corrió Tideo, quien, si en algo te fías de Hornero, era de carácter fiero, más de cuerpo pequeño. Pero me perjudica la novedad y el pudor que una y mil veces debo rechazar. Pero mientras hay vida hay esperanza. Tú, rústico guardián, ven aquí y ayuda mis fuerzas, rijoso  Príapo.


¿Por qué miráis, más que putas, con ojos aviesos? Es verdad que en mi ingle no se yergue ahora enhiesto el espolón. Sin embargo éste, que ahora veis sin vida e inútil leño, útil seria, si le dierais vuestro cobijo.


Tú, para no ver el testimonio de mi virilidad, te marchas de aquí, como conviene a una casta mujer. Y me parece bien, si no es que temes contemplar lo que dentro de tus entrañas deseas tener.

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