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Posiblemente, no habéis oído
hablar del reino cliente romano de
Mauritania, no debemos confundirlo
con el país africano contemporáneo Mauritania. El primero existió durante unos
escasos 65 años, desde alrededor del 25 a. C., cuando fue creado por el primer
emperador romano Augusto, hasta el 40 d. C., cuando su segundo y último rey fue
ejecutado por Calígula. Este territorio incluía el actual Magreb, Túnez,
Libia y Marruecos. A diferencia de su contemporáneo, el
reino cliente romano de Judea (Israel moderno), cuya historia fue registrada
por el historiador Josefo, no tenemos ningún registro escrito de Mauritania. Si
queremos intentar reconstruir lo que sucedía en el reino durante este período,
tenemos que buscar otros tipos de evidencia: evidencia arqueológica. El tipo de evidencia arqueológica que nos da más información de esta época y lugar es
la numismática: la acuñación emitida por el rey Juba, la reina Cleopatra
Selene y su hijo, el rey Ptolomeo,
tres figuras históricas de las que quizás sabemos poco.
En mi opinión, la más
significativa históricamente de las tres es Cleopatra Selene, hija de Cleopatra
VII, reina de Egipto, y Marco Antonio. La otra Cleopatra, por así decirlo. Si
bien es considerablemente menos conocida que su madre, podría decirse que fue
una de las reinas cliente romana más
exitosa y efectiva.

Busto de Cleopatra Selene. Wikimedia Commons
Cleopatra Selene nació en el año
40 a. C., a raíz del famoso y legendario encuentro de sus padres en la ciudad
de Tarso, tan memorablemente descrito por el biógrafo de Antonio, Plutarco. Tenía
alrededor de 10 años cuando la guerra civil entre su padre y Gaius Julius
Caesar Octavianus (conocido hoy como Octavio) (el emperador Augusto) culminó con la victoria de Octavio sobre Antonio
y Cleopatra, en la Batalla de Actium
en el 31 a. C., y su conquista y anexión de Egipto al año siguiente. Tras el
suicidio de sus padres, Octavio la llevó a Roma y pasó el resto de su infancia
en la casa de la hermana de Octavio, Octavia la menor, quien también resultaba
ser la exesposa de su padre y la madre de dos de sus hijas, medias hermanas de
Cleopatra Selene.
Suetonio, afirmó que Octavio era una figura paterna bondadosa y
la crio como si fuera de su propia sangre, probablemente había una dimensión
política en esta decisión. Tener bajo control a Cleopatra Selene significaba que
cualquier posible amenaza al poder de
Roma sobre Egipto, sería neutralizada antes de que pudiera ganar impulso. Sería
imposible que alguien intentara reclamar Egipto mientras el último vástago de
la dinastía ptolemaica, el verdadero heredero al trono, estuviera vivo y
coleando.
Octavio obligó a Cleopatra Selene
a participar en los eventos del tercer día de su Triple Triunfo en el verano
del 29 a. C.: este tercer y último día conmemoró su conquista de Egipto y, en
ausencia de su madre, Cleopatra Selene y su hermano gemelo Alejandro Helios
caminaba junto a una efigie de Cleopatra entrelazada con las serpientes que
supuestamente habían acabado con su vida. Cleopatra Selene iba vestida como la
Luna y Alejandro Helios como el Sol en referencia a los nombres celestiales y
divinos que Antonio les había otorgado, además de otros nombres ptolemaicos que
compartían con muchos otros miembros de la dinastía. Por suerte, para ellos, a
diferencia de otros enemigos de Roma como Vercingétorix de Galia, su
participación en un triunfo militar no culminó con su ejecución.
Octavio se aseguró de que los otros
hijos de Antonio fueran criados como verdaderos romanos: el hijo de su tercera
esposa Fulvia, Iullus Antonius,
subió al cursus honorum, y finalmente fue elegido cónsul, mientras que las dos
hijas de su cuarta esposa Octavia, Antonia
Major y Antonia Menor fueron
casadas con romanos idóneos y entre sus descendientes se encuentran el general Germánico y los emperadores
Calígula, Claudio y Nerón.
Cleopatra Selene era hija de una
reina extranjera, Antonio la había declarado Reina de Creta y Cirenaica por
derecho propio en las Donaciones de Alejandría en el 34 a.C, tras la muerte de su madre en el 30 a. C., su
situación no era tan sencilla. Ella era demasiado importante para dejarla solo como
rehén. Una conveniente solución se presentó por medio de otro pupilo de Octavio, un joven
llamado Gaius Julius Juba.
Busto de Juba. Wikimedia Commons
Al igual que Cleopatra Selene,
Juba era el último miembro sobreviviente de una familia real norteafricana
depuesta, cuyo reino había sido tomado por Roma y posteriormente convertido en
provincia. Su padre, Juba I, había
sido rey de Númida (la actual Libia), pero había elegido el bando equivocado
en una guerra civil romana y, al igual que Cleopatra, se había suicidado
dejando su reino, su riqueza y su hijo a cargo de Roma. Al igual que Cleopatra
Selene, Juba había sido exhibido como botín en un triunfo militar, el Cuádruple
Triunfo de Julio César en el 46 a. Pero a diferencia de Cleopatra Selene, él era
un niño inconsciente en ese momento, lo que llevó al biógrafo de César,
Plutarco, a describirlo como "el
cautivo más feliz jamás capturado".
Juba fue criado y educado como un
romano, convirtiéndose en un intelectual formidable y erudito, autor de una gran variedad de obras de diferentes temas.
Octavia desempeñó el papel de
casamentera entre sus dos hijos adoptivos del norte de África, y la pareja se
casó alrededor del 25 a. C., cuando Juba tenía 20 años y Cleopatra Selene 15
años. Como regalo de bodas, Octavio los nombró gobernantes conjuntos del recién
creado reino cliente romano de Mauritania.
Su unión fue conmemorada en un poema compuesto por el poeta de la corte de
Augusto Crinágoras de Mitilene, que enfatizó la importancia de esta unión de
dos casas reales del norte de África y reflexionó sobre sus implicaciones para
el futuro:
Grandes regiones limítrofes del mundo que la plena corriente del Nilo
separa de los negros etíopes, por matrimonio habéis hecho a vuestros soberanos
comunes a ambos, convirtiendo a Egipto y Libia en un solo país. Que los hijos
de estos príncipes vuelvan a gobernar con dominio inquebrantable sobre ambas
tierras.
En este matrimonio, era la esposa
y no el esposo quien tenía el perfil más alto y el mayor prestigio.
Había muchos reinos clientes
romanos en el Mediterráneo oriental y el Cercano y Medio Oriente, Mauritania
era el único en el oeste del imperio y era, con mucho, el más grande. Era una
tierra de abundancia, bendecida con considerables recursos naturales que incluían
no solo lujos como tinte púrpura, madera de cidra perfumada y animales exóticos
para la arena, sino también alimentos básicos como cereales o pescados. Su
población era diversa y multicultural, compuesta por muchos grupos indígenas diferentes,
también había una serie de colonias griegas y romanas ubicadas a lo largo del
litoral mediterráneo, y estrechos vínculos con la provincia romana de Hispania
Baetica a través del Estrecho de Gibraltar. Las fronteras del sur no estaban
tan claramente definidas, lo que provocó incursiones regulares de tribus
locales hostiles, Juba tuvo que dedicar un considerable tiempo en campañas
contra ellos durante las siguientes décadas.
Habiendo sido testigo de cómo
gobernaba Egipto, su madre, y también haber visto la influencia que las mujeres romanas, como la
hermana de Octavio, Octavia, y su esposa Livia, podían ejercer sobre sus maridos
e hijos, no es de sorprender que Cleopatra Selene no se contentara con sentarse
y permitir que Juba tomara el control. Dirigieron lo que ella consideraba una
empresa conjunta. Inusualmente, para la antigüedad clásica, en este matrimonio
era la esposa en lugar del marido quien tenía el perfil más alto y el mayor
prestigio, ya que Cleopatra Selene podía rastrear su linaje hasta Filipo II y
Alejandro III de Macedonia (más conocido como Alejandro Magno). No solo era
miembro de las antiguas familias romanas Antonii y Julii (a través de su abuela
paterna Julia), sino que también estaba directamente relacionada con la familia
imperial a través de sus dos medias hermanas, que eran sobrinas de Octavio.
Cleopatra Selene no solo era
reina de Creta y Cirenaica, como único miembro sobreviviente de la dinastía
ptolemaica, técnicamente también era reina de Egipto.
La pareja gobernó junta, con el
prestigio de Cleopatra Selene, reforzando la autoridad de Juba. Cambiaron el
nombre de la capital de Mauritania, Iol, a Cesarea
en honor a Octavio, y se embarcaron en un lujoso programa de construcción para
convertirla en una sede adecuada para su incipiente dinastía. Al hacerlo,
claramente se inspiraron en la antigua casa de Cleopatra Selene en Alejandría.
Con el tiempo, Cesarea se convertiría en una corte altamente sofisticada y
multicultural, poblada por eruditos griegos, romanos, egipcios y africanos bien
educados y prolíficos y artesanos talentosos y creativos, de cuyas actividades
sobreviven muchas evidencias arqueológicas y epigráficas.
Cleopatra Selene y Juba
gobernaron Mauritania juntos hasta la muerte relativamente temprana de
Cleopatra Selene, después Juba gobernó Mauritania junto con su hijo
Ptolomeo. Aunque no se ha conservado la fecha precisa de la muerte de Cleopatra
Selene, un poema compuesto por Crinágoras de Mitilene conmemoró la ocasión,
señalando que ocurrió en conjunción con un eclipse lunar:
La misma luna, saliendo en la
madrugada, oscureció su luz, velando su luto en la noche, porque vio a su
homónima, la bella Selene, descender muerta al tenebroso Hades. A ella le había
otorgado la belleza de su luz, y con su muerte mezcló sus propias tinieblas.
Fue enterrada en el mausoleo que construyeron estos reyes, cuyos restos todavía se pueden
ver cerca de Tipasa en Argelia.
Desafortunadamente, su contenido desapareció hace mucho tiempo, presumiblemente
debido a los saqueos.
El Mausoleo Real de Mauretania / foto Bachounda en Wikimedia Commons
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